Mozart pide juego limpio: claridad en el texto, líneas de canto con intención y un pulso de comedia que nunca tape la verdad. Con esa brújula nació mi Dorabella en el Conservatorio Profesional de Música de Salamanca: una versión recortada de Così fan tutte, con recitativos hablados y humor medido, bajo la dirección musical y escénica de Miguel Ángel Caro, que además nos acompañó al piano. Abrimos en casa, el 11 de abril en el auditorio de Tahonas Viejas, una cita anunciada por varios medios locales y muy arropada por el público desde el primer número.



El proyecto siguió creciendo con una función intermedia en el Teatro Ibercaja el 29 de abril, y cerramos el 4 de mayo en el Casino de Salamanca (Palacio de Figueroa), dentro de su programación cultural: un concierto de ópera a las 20:00 que llenó el salón y nos regaló esa cercanía que solo dan los espacios históricos.



Compartí a Dorabella con mi compañera de estudios Ross Moro, que la interpretó magníficamente en otras representaciones, y formé equipo con Paz Alonso (Fiordiligi), Kevin Adeva (Guglielmo), Esaú Pérez (Ferrando), Álvaro Romero (Don Alfonso) y Zoe Doncel / Elena Pérez alternándose como Despina. Trabajamos para que la historia corriera ligera y comprensible sin perder músculo musical: gags al servicio del sentido, concertantes con respiración común y esa complicidad que solo aparece cuando todos miramos en la misma dirección. Me llevo de estas funciones la risa franca del público, el vértigo bueno de la escena y el aprendizaje de un personaje que —entre broma y broma— sabe decir lo que importa.
Gracias a mis compañeros, a Miguel Ángel Caro y a quienes nos acompañasteis en Tahonas Viejas, Teatro Ibercaja y Casino de Salamanca. Fue un ciclo breve y redondo: lo guardo como se guardan las buenas primeras veces, con ganas de que la música nos vuelva a juntar pronto.






